martes, 16 de agosto de 2016

Eleon Goldwords

Primer día de clases propiamente dichas, los nuevos alumnos visitaban las instalaciones antes de llegar a la que sería su aula de referencia el resto del curso... Divididos en dos grupos, ambos alumnos excepcionales se encontraban en el primero, Alfa, quizá por fin descubriesen la identidad del misterioso muchacho. Nadie se libraba de la lista. Si, aquella clásica manera de asegurarse de que todo el mundo estaba en clase, por muy elitistas que fuesen había cosas que todos los centros educativos tenían en común.

Apellido a apellido, letra a letra, por fin llegaban a la ansiada letra g de Goldwords, por fin conocerían al legendario Eleon, que en menos de un día ya se había labrado una reputación que le perseguiría hasta que terminase los estudios ¿que clase de persona con tanto talento se ocultaba de esa forma? ¿Acaso no se enorgullecía? ¿O simplemente estaba ninguneándolos?

_ Goldenwords, Eleon.

Pronunció Zithar, su tutor y profesor de Nociones de Hechicería, toda la clase guardó silencio sepulcral a excepción de un joven delgado, cuyo cabello bailaba entre el rubio oscuro y el castaño claro y reflejaba el sol sin que siquiera incidiese sobre él, sus ojos castaños escrutaron la reacción de sus compañeros cuando se levantó con un sencillo "yo" en los labios. Se escucharon cuchicheos que pronto desembocaron en un incesante zumbido que obligó al profesor a levantar la voz para poder seguir con el proceso. Dwynna no se unió, no se había matriculado para ser popular, de hecho ya era consciente de que su escasa edad no sería motivo para que fuesen más indulgentes con ella, esa Academia era el centro de la competitividad, debían salir destacando o abandonar, no dudarían en querer aplastarla, y por ello quería dejar claro desde un principio que no iba a mezclarse con ellos. No eran iguales.

Finalmente Zithar fue capaz de concluir que todos los alumnos matriculados habían asistido ese día a clases, no era extraño que con los nervios del primer día alguno no hubiese pegado ojo en toda la noche y ahora roncase pegado a las sábanas. Pero por suerte no era el caso, podrían comenzar su curso sin contratiempos, o ingenuamente así lo creyó. No imaginaba el impacto que había tenido la visión del misterioso Eleon en su clase, ni el que tendría en cuanto se corriese la voz en todo el primer curso, e incluso en superiores. Cuando se dio el descanso la clase se reunió en corrillo alrededor de la mesa que ocupaba el muchacho de pelo pajizo, que ni siquiera levantó la mirada de sus manos jugueteando distraídas con un lapicero, solo unos pocos se mantuvieron al margen, Dwynna era una de ellas, pero en su caso simplemente se apoyó en el marco de la puerta a esperar mientras el resto corrían anunciando la identidad de Eleon por el resto de las clases. 

El silencio comenzó a volverse tan tenso que pocos lograban mantener la calma, pero nadie se atrevía a hablar, y Eleon no tenía ninguna intención ni de ser el primero ni mucho menos de responder en el caso de que fuesen a dirigirse a él en algún momento, de modo que se levantó y aprovechando la sorpresa general se escabulló fuera de la clase, logrando evitar el grupo de alumnos que bajaba por una de las escaleras. Hoy sería un día tranquilo. Pero quizá la próxima vez no tendría suerte, allí todos eran demasiado soberbios como para permitir que un "paleto de pueblo" compartiese clase con ellos... Y mucho menos que le pagasen para ello.

Sin embargo con Dwynna debían ser mas cautelosos, ella no era la hija de un granjero sino de una familia noble ligada desde hacía siglos con la realeza de Lyrca, pero no dejarían que una mocosa se saliese con la suya, no les importaba que asistiese a la Academia... en un futuro. Pero no ahora ¿se creía algo por ser más joven? De haber sabido que harían excepciones muchos habrían insistido para entrar antes, ninguno era menos que esa niña, ninguno lo sería... Desde la supuesta seguridad de la distancia que les separaba de ella observaban, analizaban, estudiaban los movimientos y el comportamiento de la alumna más joven de la historia de la Academia Militar de Lyrca, comentaban sus teorías y sus ideas, incluso surgían pequeños retazos de planes para obligarla a desertar.

_ ¿De verdad os han dejado entrar en la Academia siendo tan descuidados?

Preguntó una aguda voz cerca del grupo, Dwynna esbozaba una sonrisa de suficiencia a medida que los presentes se daban la vuelta y podía ver sus expresiones desconcertadas y sorprendidas, algunos, los que tenían más vergüenza, enrojecían y bajaban la mirada, los más impulsivos arrugaban el ceño, y el que quizá se consideraba el líder del grupo, fue el que habló.

_ ¿De verdad te han dejado entrar siendo una mocosa? Yo creo era una novatada y tú eres la hija de algún pobre a la que pagan cuatro monedas por venir aquí y...

Para sorpresa de los presentes, el interlocutor de la pequeña cesó repentinamente y se llevó la mano a la espinilla, aprovechando esa posición ventajosa Dwynna descargó un golpe con el puño cerrado sobre la coronilla expuesta del muchacho que por inercia cayó sonoramente contra el suelo de madera.

_ Y seguro que tú eres de los que no superaban los requisitos y han tenido que dejarse los ahorros ¿eh? Creo que no nos veremos en el curso que viene.

El sonido de un cuerno de guerra anunció el final de descanso, y con una modulada y queda sonrisa la muchacha de ojos gélidos dio media vuelta y regresó a su pupitre, el resto de gente no quiso comentar nada, mucho menos el afectado, que se acercó cojeando a su lugar antes de que los que llegaban ahora le viesen e hiciesen preguntas que no querría responder. Eleon fue el último en llegar, pero nadie le prestó atención en ese momento, todos los ojos estaban puestos en la niña de cabello azabache y ojos celestes que se sentaba en primera fila, incluso aquellos que no habían vivido el incidente sentían la necesidad de observarla. 

Sería un curso interesante.

sábado, 13 de agosto de 2016

Potencial

La primera vez que sostuvo un arma tenía cinco años, era una espada de entrenamiento pequeña, de madera recién comprada, apenas sabía sostenerla en el aire pero parecía realmente entusiasmada con su particular regalo, lejos de las convencionales muñecas de trapo o porcelana, sus padres sabían que no sería ese tipo de niña, y efectivamente no lo fue. Un año después de ese regalo, a base de observar los entrenamientos de los mas adultos en las arenas, empezó a demostrar tener talento para la lucha armada, y por si esto fuera poco, meses mas tarde descubriría su potencial con la magia de un modo más que inapropiado, incendiando las cortinas de su salón. Por suerte tanto para los padres como para ella todo quedó en una graciosa anécdota que recordar en futuras reuniones, siendo además el desencadenante de la decisión que cuatro años después llevaría a la familia Liangchich a ingresar a la joven Dwynna en la Academia Militar a la tierna edad de diez años, la más joven de toda la historia.

El día que dejó su hogar para internarse no lloró, como sería de esperar cuando separan a una niña de su edad de sus padres a sabiendas que solo podría regresar a su hogar al final del año estudiantil. Se despidió cariñosamente, hubo abrazos, besos y palabras de ánimo por ambas partes, Dwynna era sorprendentemente madura para la edad que tenía y era consciente tanto de que llorar no le traería nada bueno, como que para sus padres era igual de difícil dejarla allí como para ella quedarse. Pero lo habían decidido. Todos.

Con ella ya eran dos los alumnos excepcionales, por un lado estaba ella, la más joven en entrar a la Academia, pues normalmente la edad mínima permitida eran los catorce años, y por el otro un joven pueblerino de las afueras de Lyrca, a quien se le había concedido la primera beca de estudios dada su precaria situación económica. Cabía destacar que la Academia Militar de Lyrca era la más prestigiosa de todo el reino, exigían requisitos que no todo el mundo podría cumplir y muchas familias pudientes se dejaban los ahorros de la vida para que sus hijos al menos fracasasen en el intento. Esta vez había sido la Academia quien había pagado por tener un alumno concreto entre sus filas, la expectación acerca de cómo sería el muchacho de campo se salía de los esquemas... Había sitio para todo tipo de especulaciones, rumores, historias... Que era una mala bestia, que era un hechicero espectacular, que había engañado a los Visores de la Academia, que los había extorsionado o incluso hipnotizado para que le pagasen. Por cosas así Dwynna creía que la mayoría de nobles seguían practicando la endogamia ¿que clase de historias disparatadas eran aquellas? Solo era un chaval entrando en la adolescencia con capacidad suficiente como para que la Academia se interesase por él, igual que había ocurrido con ella.

Habiéndose ido los últimos padres rezagados comenzaba la ceremonia de apertura del curso, los orgullosos profesores e instructores de todas las materias impartidas aguardaban sentados en una alta tarima tras un pedestal que hacía las veces de caballete, levantándose únicamente cuando el director tanto de la ceremonia como del propio centro hizo acto de presencia avanzando por la sala desde una de las puertas traseras, los alumnos de cursos superiores ya conocían el protocolo e imitaban a sus profesores, y a su vez, los novatos intuían que debían hacer lo mismo. Ese era el juego, intuición y deducción.

_ Me congratula ver tantas caras nuevas entre el alumnado, este nuevo curso se inicia con más novedades de las que acostumbramos, contamos con dos nuevos talentos que han marcado un antes y un después en la historia de nuestra Academia, a día de hoy contamos con una estudiante realmente joven y un nuevo talento estratega llegado desde los dorados campos de Lyrca, Dwynna Liangchich y Eleon Goldwords, en nombre de todo el profesorado y alumnado de esta nuestra Academia, os damos la bienvenida y deseamos que tanto vuestra estancia como vuestra carrera en este centro sea agradable y próspera. 

Distinguir a la joven Dwynna era sencillo ¿pero quién sería el misterioso chico de nombre Eleon? Las miradas se cruzaban en busca de alguien que destacase entre el resto, pero no encontraron más que miradas confusas y unos eléctricos ojos azules mucho más jóvenes que ellos... 

¿Quien sería ese chico de campo que tanto había gustado a los Visores de la Academia Militar de Lyrca?