Primer día de clases propiamente dichas, los nuevos alumnos visitaban las instalaciones antes de llegar a la que sería su aula de referencia el resto del curso... Divididos en dos grupos, ambos alumnos excepcionales se encontraban en el primero, Alfa, quizá por fin descubriesen la identidad del misterioso muchacho. Nadie se libraba de la lista. Si, aquella clásica manera de asegurarse de que todo el mundo estaba en clase, por muy elitistas que fuesen había cosas que todos los centros educativos tenían en común.
Apellido a apellido, letra a letra, por fin llegaban a la ansiada letra g de Goldwords, por fin conocerían al legendario Eleon, que en menos de un día ya se había labrado una reputación que le perseguiría hasta que terminase los estudios ¿que clase de persona con tanto talento se ocultaba de esa forma? ¿Acaso no se enorgullecía? ¿O simplemente estaba ninguneándolos?
_ Goldenwords, Eleon.
Pronunció Zithar, su tutor y profesor de Nociones de Hechicería, toda la clase guardó silencio sepulcral a excepción de un joven delgado, cuyo cabello bailaba entre el rubio oscuro y el castaño claro y reflejaba el sol sin que siquiera incidiese sobre él, sus ojos castaños escrutaron la reacción de sus compañeros cuando se levantó con un sencillo "yo" en los labios. Se escucharon cuchicheos que pronto desembocaron en un incesante zumbido que obligó al profesor a levantar la voz para poder seguir con el proceso. Dwynna no se unió, no se había matriculado para ser popular, de hecho ya era consciente de que su escasa edad no sería motivo para que fuesen más indulgentes con ella, esa Academia era el centro de la competitividad, debían salir destacando o abandonar, no dudarían en querer aplastarla, y por ello quería dejar claro desde un principio que no iba a mezclarse con ellos. No eran iguales.
Finalmente Zithar fue capaz de concluir que todos los alumnos matriculados habían asistido ese día a clases, no era extraño que con los nervios del primer día alguno no hubiese pegado ojo en toda la noche y ahora roncase pegado a las sábanas. Pero por suerte no era el caso, podrían comenzar su curso sin contratiempos, o ingenuamente así lo creyó. No imaginaba el impacto que había tenido la visión del misterioso Eleon en su clase, ni el que tendría en cuanto se corriese la voz en todo el primer curso, e incluso en superiores. Cuando se dio el descanso la clase se reunió en corrillo alrededor de la mesa que ocupaba el muchacho de pelo pajizo, que ni siquiera levantó la mirada de sus manos jugueteando distraídas con un lapicero, solo unos pocos se mantuvieron al margen, Dwynna era una de ellas, pero en su caso simplemente se apoyó en el marco de la puerta a esperar mientras el resto corrían anunciando la identidad de Eleon por el resto de las clases.
El silencio comenzó a volverse tan tenso que pocos lograban mantener la calma, pero nadie se atrevía a hablar, y Eleon no tenía ninguna intención ni de ser el primero ni mucho menos de responder en el caso de que fuesen a dirigirse a él en algún momento, de modo que se levantó y aprovechando la sorpresa general se escabulló fuera de la clase, logrando evitar el grupo de alumnos que bajaba por una de las escaleras. Hoy sería un día tranquilo. Pero quizá la próxima vez no tendría suerte, allí todos eran demasiado soberbios como para permitir que un "paleto de pueblo" compartiese clase con ellos... Y mucho menos que le pagasen para ello.
Sin embargo con Dwynna debían ser mas cautelosos, ella no era la hija de un granjero sino de una familia noble ligada desde hacía siglos con la realeza de Lyrca, pero no dejarían que una mocosa se saliese con la suya, no les importaba que asistiese a la Academia... en un futuro. Pero no ahora ¿se creía algo por ser más joven? De haber sabido que harían excepciones muchos habrían insistido para entrar antes, ninguno era menos que esa niña, ninguno lo sería... Desde la supuesta seguridad de la distancia que les separaba de ella observaban, analizaban, estudiaban los movimientos y el comportamiento de la alumna más joven de la historia de la Academia Militar de Lyrca, comentaban sus teorías y sus ideas, incluso surgían pequeños retazos de planes para obligarla a desertar.
_ ¿De verdad os han dejado entrar en la Academia siendo tan descuidados?
Preguntó una aguda voz cerca del grupo, Dwynna esbozaba una sonrisa de suficiencia a medida que los presentes se daban la vuelta y podía ver sus expresiones desconcertadas y sorprendidas, algunos, los que tenían más vergüenza, enrojecían y bajaban la mirada, los más impulsivos arrugaban el ceño, y el que quizá se consideraba el líder del grupo, fue el que habló.
_ ¿De verdad te han dejado entrar siendo una mocosa? Yo creo era una novatada y tú eres la hija de algún pobre a la que pagan cuatro monedas por venir aquí y...
Para sorpresa de los presentes, el interlocutor de la pequeña cesó repentinamente y se llevó la mano a la espinilla, aprovechando esa posición ventajosa Dwynna descargó un golpe con el puño cerrado sobre la coronilla expuesta del muchacho que por inercia cayó sonoramente contra el suelo de madera.
_ Y seguro que tú eres de los que no superaban los requisitos y han tenido que dejarse los ahorros ¿eh? Creo que no nos veremos en el curso que viene.
El sonido de un cuerno de guerra anunció el final de descanso, y con una modulada y queda sonrisa la muchacha de ojos gélidos dio media vuelta y regresó a su pupitre, el resto de gente no quiso comentar nada, mucho menos el afectado, que se acercó cojeando a su lugar antes de que los que llegaban ahora le viesen e hiciesen preguntas que no querría responder. Eleon fue el último en llegar, pero nadie le prestó atención en ese momento, todos los ojos estaban puestos en la niña de cabello azabache y ojos celestes que se sentaba en primera fila, incluso aquellos que no habían vivido el incidente sentían la necesidad de observarla.
Sería un curso interesante.
El silencio comenzó a volverse tan tenso que pocos lograban mantener la calma, pero nadie se atrevía a hablar, y Eleon no tenía ninguna intención ni de ser el primero ni mucho menos de responder en el caso de que fuesen a dirigirse a él en algún momento, de modo que se levantó y aprovechando la sorpresa general se escabulló fuera de la clase, logrando evitar el grupo de alumnos que bajaba por una de las escaleras. Hoy sería un día tranquilo. Pero quizá la próxima vez no tendría suerte, allí todos eran demasiado soberbios como para permitir que un "paleto de pueblo" compartiese clase con ellos... Y mucho menos que le pagasen para ello.
Sin embargo con Dwynna debían ser mas cautelosos, ella no era la hija de un granjero sino de una familia noble ligada desde hacía siglos con la realeza de Lyrca, pero no dejarían que una mocosa se saliese con la suya, no les importaba que asistiese a la Academia... en un futuro. Pero no ahora ¿se creía algo por ser más joven? De haber sabido que harían excepciones muchos habrían insistido para entrar antes, ninguno era menos que esa niña, ninguno lo sería... Desde la supuesta seguridad de la distancia que les separaba de ella observaban, analizaban, estudiaban los movimientos y el comportamiento de la alumna más joven de la historia de la Academia Militar de Lyrca, comentaban sus teorías y sus ideas, incluso surgían pequeños retazos de planes para obligarla a desertar.
_ ¿De verdad os han dejado entrar en la Academia siendo tan descuidados?
Preguntó una aguda voz cerca del grupo, Dwynna esbozaba una sonrisa de suficiencia a medida que los presentes se daban la vuelta y podía ver sus expresiones desconcertadas y sorprendidas, algunos, los que tenían más vergüenza, enrojecían y bajaban la mirada, los más impulsivos arrugaban el ceño, y el que quizá se consideraba el líder del grupo, fue el que habló.
_ ¿De verdad te han dejado entrar siendo una mocosa? Yo creo era una novatada y tú eres la hija de algún pobre a la que pagan cuatro monedas por venir aquí y...
Para sorpresa de los presentes, el interlocutor de la pequeña cesó repentinamente y se llevó la mano a la espinilla, aprovechando esa posición ventajosa Dwynna descargó un golpe con el puño cerrado sobre la coronilla expuesta del muchacho que por inercia cayó sonoramente contra el suelo de madera.
_ Y seguro que tú eres de los que no superaban los requisitos y han tenido que dejarse los ahorros ¿eh? Creo que no nos veremos en el curso que viene.
El sonido de un cuerno de guerra anunció el final de descanso, y con una modulada y queda sonrisa la muchacha de ojos gélidos dio media vuelta y regresó a su pupitre, el resto de gente no quiso comentar nada, mucho menos el afectado, que se acercó cojeando a su lugar antes de que los que llegaban ahora le viesen e hiciesen preguntas que no querría responder. Eleon fue el último en llegar, pero nadie le prestó atención en ese momento, todos los ojos estaban puestos en la niña de cabello azabache y ojos celestes que se sentaba en primera fila, incluso aquellos que no habían vivido el incidente sentían la necesidad de observarla.
Sería un curso interesante.